“Arboricidios” en Mérida

eduardoA Automaya, la distribuidora de autos Chrysler que taló dos enormes makulís de 30 años de edad para que la fachada de su nueva agencia automotriz, ubicada sobre Prolongación Paseo de Montejo, “fuera más visible”, el Ayuntamiento anterior le endilgó una multa de seiscientos mil pesos.

Este hecho, que generó el aplauso de los meridanos, debería de haber servido para crear algo de conciencia (o temor) entre aquellos empresarios carentes de conciencia ecológica que, en esta ciudad cada vez más calurosa, no les importa cortar árboles añejos con tal de “lucir” los edificios de sus nuevos negocios.

Sin embargo, tal parece que la medida no surtió el efecto esperado, pues hace algunos días un hecho similar se dio en Circuito Colonias, en su confluencia con la antigua vía a Chuburná, ahí donde se erige el nuevo supermercado de una conocida cadena internacional. Aprovechando el relajamiento del día inhábil, los constructores cortaron siete árboles frondosos que daban sombra a las personas que suelen caminar por esa zona.

Desafortunadamente esta vez no habrá multa, pues según ha declarado la maestra Sayda Rodríguez Gómez, “la empresa tenía permiso de la Seduma y, en compensación por esta pérdida, Bodega Aurrerá plantará 37 arbolitos en su estacionamiento”

Lo curioso de este tema es que si de “arboricidios” se trata, las mismas autoridades (en este caso del Gobierno del Estado) han incurrido en ellos. Recientemente, por ejemplo, decidieron reubicar en complejos habitacionales de la periferia los 99 árboles que serán retirados de los patios de las casonas que derribarán para construir el nuevo Centro de Convenciones de Mérida, en la calle 62 entre las Avenidas Colón y Cupules. El Secretario de Ecología, incluso, salió a declarar a los medios de comunicación cómo se haría el traslado de estos árboles para mantenerlos con vida, proteger la flora y promover la conservación del medio ambiente en esta capital.

No pongo en duda las buenas intenciones del Secretario; al contrario, celebro la medida de conservar la vida vegetal, pero, siendo honesto, lo ideal hubiera sido mantener la mayor parte de estos árboles en su sitio y desarrollar, con alguno de los premiados arquitectos yucatecos de la nueva generación, el Centro de Convenciones alrededor de este pequeño bosque urbano. O mejor aún: erigir el citado edificio en otra zona de la ciudad y aprovechar estas casonas, conjuntamente con sus terrazas arboladas, para desarrollar un área turística comercial como las que abundan en muchas urbes europeas donde, tanto los habitantes de la ciudad como los turistas, disfrutan de espacios surgidos de la remodelación de barrios y mercados tradicionales.

Dicen que viajar ilustra, pero a pesar de que constantemente vemos a nuestras autoridades en convenciones y reuniones allende las fronteras peninsulares, su falta de imaginación para posicionar a Mérida como una ciudad de primer nivel turístico, en ocasiones es asombrosa. Una ciudad respetuosa de sus tradiciones, arbolada, limpia, con un centro histórico vivo y servicios públicos de buena calidad es lo que verdaderamente atrae a los visitantes. Y no siempre es imprescindible borrar el entorno natural para hacer buena arquitectura.

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