El nido del cuervo o la segunda guerra mundial desde la cosmovisión de un yucateco

“La historia será amable conmigo porque tengo intención de escribirla”

 Winston Churchill

el nido del cuervoSegún el polémico escritor británico David Irving, revisionista del Holocausto y del régimen nazi, Hitler no sabía lo que pasaba en los campos de concentración, las cámaras de gas son un invento imaginario del sionismo y durante la gran guerra murieron, a lo sumo, entre dos y tres millones de judíos.

Estas  afirmaciones, que le han costado a Irving pasar casi un año de su vida en una cárcel vienesa, las ha vertido en más de una treintena de exitosos best sellers seudo históricos que, dicho sea de paso, se han vendido en el mundo como pan caliente.

Cuesta trabajo creer que, a casi setenta y cinco años que terminara el conflicto bélico que reconfiguró el mapa y la historia de Europa y del mundo, y en el que fallecieran más de 60 millones de personas, todavía haya gente que haga eco de las idioteces de David Irving y pretenda defender lo indefendible. De nada, o casi nada, parecen haber servido los miles de libros, documentales y filmes serios que se han producido sobre el tema desde entonces.

Por eso celebro que esta noche, en esta ciudad ubicada muy lejos del continente donde ocurrieran aquellos terribles hechos y en donde, aparentemente, no tendríamos razón para inmiscuir nuestras narices en el tema, estemos reunidos para presentar El nido del cuervo, del yucateco Iván Espadas Sosa, novela histórica –publicada recientemente por LibrosEnRed y el Ayuntamiento de Mérida–que tiene como marco la Segunda Guerra Mundial, uno de los momentos más traumáticos y apocalípticos por los que ha pasado el ser humano.

Dice el crítico literario húngaro Georg Lukács  que la novela histórica tiene “el propósito de  ofrecer una visión verosímil de una época, preferiblemente lejana, de forma que aparezca una cosmovisión realista, incluso costumbrista, de su sistema de valores y creencias, donde han de narrarse hechos verídicos aunque los personajes principales sean inventados”.

En este sentido, Iván Espadas Sosa cumple a carta cabal el postulado anterior. Desde el inicio de El nido del cuervo, el lector advierte que las circunstancias, no obstante el tono de aventura en que se cuentan, están basadas en eventos verídicos: la batalla de Ardenas, la masacre de Malmedy, la toma de Polonia, la historia del batallón soplete, la vida del general Joachim Peiper…

Confieso, no sin cierta dosis de vergüenza, que conforme iba avanzando en la lectura, buscaba en la red datos para confirmar mi suposición inicial: que Iván, además de un narrador ameno, era un gran conocedor de este conflicto mundial.

Quando-Terminou-a-Segunda-Gerra-Mundial-13Contada en tercera persona, pero desde los ojos del soldado Harvey Conway, un jovencísimo sureño norteamericano que por su pericia con el rifle termina asignado a un comando especial, a lo largo de las páginas de esta novela asistimos al enfrentamiento de dicho comando contra las Wehrmacht  Hitlerianas, contra un grupo de espías en un circo asentado en un pueblo de la Francia semi liberada y, finalmente, contra la huestes de Joachim Peiper, un sádico coronel nazi que en este libro recibe cruenta muerte, pero que en la realidad fallece años después, en Francia, a raíz de uno de tantos atentados cometidos en contra de los ex dirigentes nazis que lograron burlar los Juicios de Núremberg.

Con diálogos vivaces y profusas descripciones del ambiente,  Iván es capaz de interesarnos en el tema y, a la vez, mostrarnos literariamente los horrores de la guerra hasta conseguir que nos solidaricemos con sus personajes.

Como en una escena donde el soldado Harvey, ya repuesto, se retira del pabellón del hospital donde se encuentra y le hace preguntas al médico

Cito:

-¿Muchos heridos mueren…como el que estuvo aquí?

El médico prendió un cigarrillo.

– Mire soldado Harvey, serán más los que van a sobrevivir a esta guerra, pero cuando lleguen a Norteamérica se matarán con sus propias manos.

Aquel vaticinio le pareció muy tonto y de mal gusto.

-¿Por qué harían eso?

-Porque no podrán vivir con lo que aquí vieron y vivieron. Para los que mueren, la guerra termina, pero los que sobreviven cargan con el peso de sus compañeros caídos-

-¿Cómo lo sabe?

-Después de la primera gran guerra, hubo una alta tasa de suicidios de ex combatientes, entre ellos mi padre.

Fin de cita

¿Por qué la guerra nunca era como la describían los que nunca habían estado en ella?, se pregunta el soldado Harvey en un instante en que está a punto de morir aplastado por un abeto.

Y aunque hasta el momento la única guerra que el autor de El Nido del cuervo  haya vivido sea la de ver publicados sus libros, con esta historia bélica consigue atraparnos gracias, ya lo he dicho, a su espléndida manera de contar. Además, para darle mayor verisimilitud a su relato, Iván Espadas,  introduce pequeñas historias que, aunque parecen hechas para distraer al lector, sirven para afianzar el interés  y aumentar el suspense y verosimilitud de la historia central. Como la desaparición del avión donde viajaba Glenn Miller, o la proyección para los soldados de Sabotaje de Alfred Hitchcock, o la mención de que Hitler, desde su libro Mi lucha, advirtió que tarde o temprano invadiría Rusia.

Muchas veces he dicho que el cine y la literatura son artes hermanas y que   cada una le roba herramientas a la otra. En el caso del libro que hoy nos ocupa, es muy notorio este intercambio. Por momentos, uno siente que se encuentra ante una novela que tiene que ser llevada al cine. Un texto, voy más allá, pensado desde un principio para el séptimo arte.

Se han escrito muchas novelas sobre la Segunda Guerra Mundial que, a la fecha, siguen leyéndose y reeditándose. Solo por mencionar algunas El día más largo (1959), de Cornelius Ryan,  Los cien últimos días (1965), de John Toland, Hiroshima (1946), de John Hersey, La Segunda Guerra Mundial (1948-1953), de Winston Churchill. Incluso en México, hace algunos años, Ignacio Padilla con Amphitron  y Jorge Volpi, con En busca de Klingsor, lograron salir de su entorno y llegar a la Europa ocupada. ¿Por qué no agradecerle a Iván Espadas Sosa que, desde Yucatán, se haya animado a tocar también el tema?

Pero volviendo al inicio, mientras haya gente como David Irving que insista en negar el Holocausto y  se atreva a afirmar que toda “esa parafernalia es producto del lobby israelí que utiliza la espada de Damocles del Holocausto para que le perdonen los pecados al régimen sionista”, necesitaremos que se escriban más novelas sobre la Segunda Guerra Mundial. Y si son tan amenas, tan bien documentadas y seductoras como El nido del cuervo, mejor aún.

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