La bomba de García Bergua

Nada más toparse con la imagen de la portada – una rubia yé-yé con altas botas azules y vestido rojo entallado y cortísimo – el lector intuye que va a divertirse. Y el primer párrafo de la historia – “El día que Hugo la trajo a casa me costó reconocerla porque no estaba maquillada como en las películas. Eso sí, llevaba ropa muy fina, aunque sencilla, de la que se empezaba a llamar sport…”- confirma lo que viene: una novela amena, ágil y nostálgica; un viaje gozoso al festivo y provocador México DF de los años sesenta.

Bofe para el gato, Chocolate Milo, Lejía, Café del Do Brasil, Tuétano para el perro, Cold Cream, Oso Negro, Sardinas…, la lista de abarrotes que precede algunos capítulos provoca evocaciones que ayudan a situarnos en medio de aquella alocada época en que los poetas hacían slogans de publicidad y las mujeres tenían que soportar a sus maridos a costa de lo que fuera.

Contada a dos voces por una pareja de casados (Maite, una joven convencional pero nada resignada, y Hugo, un guionista de cine, metido a publicista), La bomba de San José trata de cómo la vida de este matrimonio se trastoca cuando deciden darle asilo en su casa a la despampanante actriz costarricense, Selma Bordiú.

La artista, quien viene huyendo de un poderoso amante, trae al hogar de esta pareja, no sólo una andanada de problemas y enredos, sino un aire de libertad que ayuda, tanto a Maite como a Hugo, a desprenderse del indisoluble yugo matrimonial.

“Pero Maite, ¿tu quieres ser una mujer divorciada? Imagínate lo que van a decir de ti”, le dice la tía Clotilde a la protagonista cuando ésta le anuncia formalmente la separación. Y aunque Maite le recuerda que ella, la tía, anduvo con un hombre casado, la respuesta de su pariente, surgida desde lo más profundo de la doble moral, deja a Maite de una pieza: “Una mujer debe ser recta y honesta, y no andar suelta por ahí, como un perro.”

Pero no se crea que La bomba de San José se circunscribe al ámbito del amor y la liberalidad. García Bergua es una narradora experimentada y maliciosa que se las arregla para mezclar intriga, asesinato, tristeza, persecuciones, drogas y hasta política, en ésta, su última entrega publicada pulcramente por ERA, emblemática editorial mexicana surgida, casualmente, en los mismos años que transcurre esta historia.

“Me siento a todo dar de poder hacer una novela divertida y cabroncita en estos tiempos tan jodidones”, dijo recientemente en una entrevista García Bergua a propósito de La bomba….

Y no es para menos, yo también me sentiría bien de poder ofrecer a los lectores una historia como ésta, capaz de atrapar a todo tipo de público y que, bajo su aparente candidez, encubra una sátira feroz al establishment y a la cosmovisión del mexicano.

No es fácil usar magistralmente la ironía para mostrar la realidad que esconden las apariencias. Excepción hecha de Jorge Ibarbüengoitia, a los narradores mexicanos les cuesta trabajo liberarse de la solemnidad en la literatura. Con La bomba de San José, Ana García Bergua lo consigue con creces. Logra hablar de temas trascendentales sin aludirlos directamente, sin dar consejos, atrapando al lector de principio a fin: desde la portada con su imagen de la rubia seductora, hasta la última frase de la historia.

(Ana García Bergua/ La bomba de San José/ Editorial Era-UNAM México 2012. 339 pp)

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