¿Sirve de algo leer?

Dice el escritor Juan Domingo Argüelles que leer no sirve para nada, que sólo quita tiempo para hacer cosas importantes en la vida. Como hacer dinero, por ejemplo.

Y en cierto sentido, Juan Domingo tiene razón. ¿Para qué leer si nadie nos va a pagar un peso por esta actividad solitaria? Que yo sepa, ninguna empresa privada o gubernamental acostumbra aumentar el sueldo a sus empleados por libro leído. Tampoco las universidades premian a sus profesores por cantidad de novelas, poemas o ensayos degustados. La lectura, desafortunadamente, sigue siendo un placer individual incomprendido. Uno de los pocos placeres que no dependen de los demás.

 

“Diviértete leyendo” reza el eslogan de la campaña “Leer para aprender” que el Consejo de la Comunicación puso en marcha en toda la república, hace ya varios meses, a través de los medios electrónicos. Esta cruzada, dicen sus creadores, “está dirigida a toda la sociedad mexicana, pero principalmente a padres de familia con niños entre 6 y 12 años, invitándolos (sic) a leer por lo menos veinte minutos al día con sus hijos”. Tatiana, El Místico, Jordi Rosado, Íngrid Coronado, Fernando del Solar, los integrantes de OV7 y otras “personalidades” de la farándula mexicana comparten su testimonio de cómo la lectura les ha ayudado a ser mejores personas y mejores profesionistas. No creo, sinceramente, que ninguno de ellos tenga a la lectura como hábito cotidiano, pero sus mánagers deben estar más que satisfechos de haberlos colocado en esta campaña, pues a raíz del desatino cometido por Enrique Peña Nieto en la pasada Feria del Libro de Guadalajara, donde no pudo mencionar siquiera tres nombres de libros con sus autores que hayan cambiado su vida, últimamente no se habla de otra cosa que de las bondades de la lectura.

¿Traerá algo bueno esta circunstancia? ¿Se pondrá de moda leer? ¿Correrán ahora los políticos y empresarios mexicanos a la librería más cercana a comprar la última novela de Carlos Fuentes, algún volumen de Monsiváis o las obras completas de Octavio Paz? No estoy tan seguro. Cuando mucho aprenderán de memoria el nombre de una decena de buenas obras para tenerlas a la mano y evitar que algún reportero advenedizo los haga caer en la misma trampa de la que aún no sale el flamante candidato del PRI a la presidencia.

 

A favor de la patria

Ahora bien, poniéndonos un rato en lugar del Caído, el que un presidente sea cultivado no garantiza una buena actuación a favor de su patria. José López Portillo, sólo por mencionar alguno, fue un político de enorme cultura, con hábitos de lectura sólidos (incluso escribió varios libros de ficción) y su desempeño al frente del país fue verdaderamente desastroso.

No hay que confundirse: leer no va a contribuir a hacer de los mexicanos buenos gobernantes o sagaces empresarios, tampoco va a transformar sustancialmente el modo de vida de quienes acostumbren hacerlo, pero sí garantiza que las personas asiduas adquieran un criterio más amplio, que conozcan nuevos mundos a través de la mirada de otros, que dimensionen humanamente los problemas y que obtengan elementos intelectuales para reaccionar ante situaciones adversas. Y eso, precisamente, es lo que le hace falta a políticos de la clase de Enrique Peña Nieto.

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